La salud mental ha tomado un rol protagónico en la vida de las personas desde que comenzó la pandemia causada por la COVID-19. Cambios de hábitos, restricciones sociales, entre otras situaciones complejas han puesto en jaque la cotidianeidad como era conocida. Y si para los adultos ha sido un proceso complejo, ¿de qué manera afecta el estrés generado por tanta incertidumbre en la salud mental en niños y adolescentes?

¿Qué es el estrés y cómo funciona en nuestro cerebro?

Es importante comprender de qué manera reacciona el cerebro ante el estrés.
El cerebro responde de manera fría y agresiva cuando siente que necesita protegerse de un peligro y/o agresión. Cuando los niveles de cortisol y adrenalina que produce el cuerpo son altos, el cerebro responde “en modo de protección”. Esto tiene como consecuencia la interrupción de una comunicación adecuada entre las estructuras del cerebro que evocan las emociones y las que las regulan. 

El hipocampo es la parte del cerebro responsable de clasificar las emociones y los sentimientos, lo que permite gestionar ambas. Reaccionando de forma intuitiva y emocional. El resto de estructuras cerebrales, ubicadas en el lóbulo frontal, son las encargadas de discernir entre lo que es correcto y lo que no lo es. Son las responsables de organizar y priorizar las acciones necesarias para sobrellevar una crisis. Sin embargo, cuando vives con altos niveles de estrés constantemente, la comunicación entre estas estructuras se ve afectada, no fluye de manera adecuada. Teniendo como resultado una no adecuada gestión del estrés y las emociones.

¿Cómo gestionar la salud mental de nuestras hijas e hijos?

Independientemente del contexto social, edad e historia de vida, en todo niño y adolescente existen diferentes factores importantes para que su desarrollo socioemocional se dé en un estado óptimo. Algunos de estos factores son las relaciones interpersonales y el cuidado que le brindan los adultos, ambos son pilares centrales a la hora de fortalecer el andamiaje que les permite crecer y desarrollarse en plenitud. 

Pilares que se han visto gravemente afectados por las restricciones establecidas desde el inicio de la pandemia en Marzo del 2020. Y a quienes les ha resultado más difícil ha sido a los pequeños y adolescentes de la casa, quienes se han visto privados del contacto de sus pares, de sus espacios de desarrollo y sociabilización, y sus afectos más cercanos.Y aunque se han adaptado adecuadamente a estas nuevas estructuras, en poco tiempo, comenzamos a ver las afectaciones emocionales que emergen de ello.

Es durante estas restricciones que comenzamos a comprender y valorar profundamente el importante rol de ciertas figuras e instituciones en su desarrollo. Apreciamos en mayor medida las actividades al aire libre, el importante rol que desempeñan las y los abuelos. Y comprendimos el rol indiscutible que tiene la escolarización presencial en la vida de un niño y/o adolescente.

Cada una de estas circunstancias nos anclan como grupo social a una vida cotidiana más estable y en esto se incluye a todos los grupos: a los pequeños, los jóvenes, a los padres, y los maestros. Cuando la estabilidad ha sido sacudida de manera tan profundamente estructural, estos factores pueden generar mucho estrés en la población. Incluso con la desescalada y el regreso a clases presenciales, ha sido necesario adquirir nuevos hábitos como el usar mascarilla, medidas de higiene estrictas y respetar distancia social durante las horas que se encuentran en el colegio o en el instituto.

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¿Cómo detectar el nivel de estrés en niños y adolescentes?

La teoría del apego se basa en la importancia de fomentar vínculos sanos y seguros desde la primera infancia. Para brindarles una seguridad emocional real, que las y los acompañe a lo largo de su desarrollo. De esta manera, no importa si se encuentran cerca o lejos de mamá o papá, los niños aprenden a buscar diferentes formas de regularse a través de herramientas que les ayudan a sentirse seguros.  Si analizamos la situación actual desde la teoría del apego, hablamos de la importancia que reside en convertirnos en el refugio de seguridad para los niños y niñas. La disponibilidad y apertura hacia ellos es central. Estar atentos y prestar atención para así detectar no solo el nivel de estrés que puedan tener, sino cuáles son las causas que lo genera. 

Si un niño o niña que se encuentra estresado es muy probable que manifieste lo siguiente: 

  1. Notes que su carácter es más irritable de lo habitual
  2. Tienda a aislarse en su habitación o dentro del grupo familiar (cuando no es frecuente que lo haga) 
  3. También puede manifestar incapacidad para expresar en palabras sus sentimientos. Manifestando su descontento a través de rabietas, peleas con los herman@s, aislamiento a través de ipad o consola de videojuegos. O también, problemas de conducta que antes no tenía. 
  4. Puede expresar niveles muy elevados de energía o hiperactividad.
  5. Otra posible reacción sería la disminución de la concentración, y el bajo rendimiento a nivel académico. 

Brindarles como adultos el acompañamiento sensible y presente necesario para que aprendan a gestionar las emociones, será clave para reducir la ansiedad causada por la incertidumbre que genera el futuro, y así conseguir que se centren en un presente predecible. Esto les permitirá explorar libremente su mundo en la “nueva normalidad”, conectar con la experiencia de aprendizaje durante las clases presenciales (o en cualquier actividad que se propongan) Y así alcanzar estados cognitivos adecuados para seguir desarrollándose sanamente. 

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