Vivimos en una sociedad en la que desde que nacemos nos adjudica una serie de comportamientos, valores y actitudes según un género específico. Preceptos tan antiguos como por ejemplo: que los hombres no pueden ni deben demostrar sus emociones, o que las mujeres deben ser maternales con sus parejas. Más allá de todo esto, ¿sabemos qué son las emociones? ¿Entendemos de dónde vienen y para qué sirven?

El origen de las emociones: Entendiendo lo que sentimos

Desde pequeños descubrimos las emociones con ayuda de nuestros progenitores, comenzamos a identificarlas y entenderlas. Durante las diferentes etapas de desarrollo, cultivamos nuestro lenguaje y aprendemos a expresarnos de diferentes maneras. Esto definirá que lo hagamos de una manera fluida y sencilla o compleja y poco clara.  

Durante  la adolescencia, uno de los estadios claves en el desarrollo, comienza un proceso de reconocimiento y crecimiento personal. Comienza una etapa de definición de nuestros sentimientos y cómo elegimos comunicar las emociones, según cada personalidad. Este estado madurativo se define como independencia emocional, etapa central en la que la emancipación ideológica del grupo familiar guía la necesidad de marcar una separación de las opiniones, actitudes y valores del grupo. Esta separación se dará de una manera más o menos conflictiva dependiendo de cuán nutrida haya sido la relación con las figuras de apego (principales cuidadores),  como se haya construido la autoestima y el amor propio en cada individuo durante la etapa más temprana de la infancia. A mayor seguridad y amor, más sencilla será la separación.

Hemos hablado en otros post sobre la importancia de la seguridad y la regulación emocional de los niñ@s en sus estadios primarios. Ya que son el cimiento para aprender cosas tan básicas como: el vocabulario, a resolver y reaccionar ante diversas situaciones de la vida. Estos mecanismos bien aprendidos durante las primeras etapas de desarrollo se vuelven claves y funcionales durante la adolescencia.

Desaprendiendo las emociones 

Es imperante hacer frente y generar espacios de cambio en los roles emocionales impuestos en la sociedad actual en donde los hombres siguen siendo castigados por demostrar vulnerabilidad, o se condena a las mujeres por vivir su sexualidad de manera libre. Ha quedado de manifiesto que para las actuales generaciones es central desaprender

estos roles fijos impuestos por el pasado.Es por esto, que hablar sobre las emociones solo puede traer beneficios a largo plazo que van más allá de la brecha de género. Aprender a reconocerlas y comunicarlas trae beneficios en todos los círculos sociales ya sea la pareja, la familia y/o el trabajo. Mejorando las relaciones interpersonales y minimizando los conflictos por la falta de comunicación

Si conseguimos crear este diálogo abierto, este entendimiento de las emociones, si las identificamos y aprendemos a comunicar que se necesita desde la etapa de la adolescencia, estamos creando adultos saludables emocionalmente. Adultos responsables de sus emociones, adultos que aprenderán a ser responsables de las decisiones que tomen, adultos que identificarán de manera más eficaz qué les hace bien y qué objetivos (en todos los aspectos de sus vidas) los harán sentir completos. Por lo tanto, crearemos sociedades más emocionalmente responsables.

¿Qué beneficios aporta el diálogo abierto? 

El generar un diálogo abierto sobre las emociones construirá una sociedad libre de juicios. Lo que construirá una sociedad que tenga como objetivo centrarse en el bienestar colectivo por sobre el individual. Una sociedad en la que los roles de género, los gustos, las formas de expresión, el elegir una profesión, o incluso la forma de vestir, no estén determinados por el género que se adjudica al nacer.